La Hipoterapia ha demostrado en numerosas
ocasiones sus resultados positivos: niños
autistas, incapaces de mostrar afecto
hacia sus seres más allegados, son capaces
de abrazar a su caballo; jóvenes en silla
de ruedas mejoran su capacidad de movimiento
y autoestima; niños hiperactivos logran
alcanzar estados de relajación... son
algunos de los beneficios que el trote
de un caballo puede llegar a conseguir.
A nivel físico la hipoterapia ha demostrado
ser capaz de mejorar el equilibrio y
la movilidad, de ahí la utilización
con pacientes que sufren diferentes
parálisis. Pero actúa también en otros
planos como el de la comunicación y
del comportamiento.
De hecho, esta terapia se utiliza
en gran medida con personas que sufren
dificultades para ingresar dentro de
la sociedad.
En general, con esta terapia se han
observado:
• Efectos fisiológicos: aumento
de la capacidad de percepción de estímulos,
al encontrarse en una situación de movimiento.
• Efectos psíquicos: se estimula la
atención, la concentración y la motivación
frente a otros movimientos. Es fundamental
el aumento de la autoestima y de la
seguridad en uno mismo.
• Efectos físicos: el caballo tiene
una temperatura corporal y un volumen
muy superiores al hombre, lo que conlleva
una importante transmisión de calor
y solidez al ser abrazado y tocado por
un niño.
El movimiento del caballo tiene además
la gran ventaja de ofrecer una enorme
variedad de ritmos cadenciales, lo que
supone la posibilidad, desde el punto
de vista terapéutico, de graduar el
nivel de sensaciones que el paciente
recibe.:
El caballo al trote transmite al jinete
un total de 110 movimientos diferentes
por minuto, en consecuencia no hay ni
un solo músculo ni zona corporal, desde
el coxis hasta la cabeza, al que no
se transmita un estímulo. Todo ello
en conjunto, produce que el enfermo
pueda ser capaz de experimentar sensaciones
que nunca antes ha vivido.
La hipoterapia supone una actitud activa
del paciente, que deberá realizar movimientos
para estirarse, relajarse, mejorar la
coordinación y el equilibrio.
Pero si hay un punto diferenciador,
que influye muy notablemente en la obtención
de resultados positivos, es que la hipoterapia
es asumida por el paciente como una
diversión. Se desarrolla al aire libre,
pudiendo disfrutar de cuanto le rodea,
no en un lugar cerrado lleno de máquinas
que en cierta medida pueden suponer
una amenaza para el enfermo. Montar
a caballo es una terapia, pero es también
una diversión y sólo explotando correctamente
ambas vertientes se conseguirán los
mejores resultados.
Por todo ello, esta terapia ha demostrado
su eficacia en personas con problemas
de todo tipo:
• Esclerosis múltiple.
• Parálisis cerebral.
• Autismo.
• Síndrome de Down.
• Espina Bífida.
• Traumas cerebrales.
• Conductas caracteriales.
• Enfermedades neurodegenerativas.
• Enfermedades traumatológicas.
• Anorexia.
• Bulimia.
• Afecciones crónicas.
• Minusvalías de cualquier tipo (físicas
y psíquicas).
• Problemas de comportamiento.
• Incapacidad intelectual.
• Discapacidad física.
• Discapacidad sensorial.
• Enfermedades mentales.
• Diversas inadaptaciones sociales (drogadicción,
delincuencia...).
• Otras afecciones invalidantes.
El hecho de montar un caballo, rompe el
aislamiento de la persona con respecto
al mundo, poniendo al enfermo en igualdad
de condiciones con respecto al jinete
sano. No cabe duda que montando se consigue
superar el temor, mejorar la confianza
y la capacidad de concentración; al tiempo
que hace perder las tensiones e inhibiciones
físicas y emocionales. Esto hace que la
hipoterapia resulte efectiva no sólo con
enfermos, sino también con personas que
presentan problemas de inadaptación social.
Todo ello se consigue gracias a que
el caballo ha demostrado ser un animal
enormemente perceptivo, de inmediato
se dará cuenta de que la persona es
diferente a los demás y por ello se
comportará de forma diferente a como
lo haría con cualquier otro jinete
Son muchos los buenos resultados conseguidos
y llenan de esperanza, pero no podemos
pensar que se trata de una “cura milagrosa”.
La hipoterapia está considerada como
un tratamiento alternativo, pero también
complementario a los que se utilizan
habitualmente. Se ha demostrado que
con él se pueden obtener nuevos estímulos
complementarios a los conseguidos con
tratamientos tradicionales.